Solo ciegan las tormentas
de arenas blandas,
puras,
que escupen directamente a los ojos
dejando a su blanco sin venas.
Lágrimas estrechas
buscando como guías
los caminos,
casi secos,
de la pura nostalgia.
A veces pierdo en la noche
la única razón por la que sueño,
y entierro sin arena
el portal de la costumbre.
De breve…
me quedan las velas
y la sincera soledad
enredada como enredadera
de una única verdad.
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